Yakitoro es, en japonés, todo aquello que se cocina insertado dentro de una brocheta. La palabra que da nombre a este aclamado restaurante constituye una buena presentación de lo que vas a disfrutar en tu visita. El restaurante Yakitoro, regentado por la estrella de la televisión, Alberto Chicote, es uno de esos sitios que tienes que conocer si vives en Madrid, porque la experiencia lo merece. Las reservas de mesas son complicadas, para conseguirlas en fin de semana se requiere un mínimo de 2 meses, aunque dicen que cada día dejan un 20% del aforo libre de reserva.

El servicio es uno de esos que recuerdas por lo impecable de su actuación; siempre atentos, y pendientes de que no falte de nada, son rápidos, diligentes y te alegran la visita siempre con una sonrisa. El atuendo es muy curioso, a muchos es posible que os sorprenda gratamente y a otros no os hará demasiado gracia… ¡Veréis!

La disposición de las mesas no nos gustó mucho, las sitúan demasiado cerca las unas de las otras y salvo que haya poca gente, acabas escuchando las conversaciones ajenas. Se visten sin mantel, en madera y con un espacio en el centro con hielo para poner las botellas de cerveza. Nos encantó que al lado de cada mesa, pongan una “caja” con tapa para poner los bolsos y abrigos, lo que convierte en mucho más cómoda la experiencia culinaria.

¿Y qué comimos? Pues esencialmente brochetas, claro. Eso sí, la cocina de Chicote es maravillosa, todos los platos nos encantaron incluso viniendo todos presentados en esta peculiar forma. Fuimos 4 personas a cenar, y el propio camarero nos recomendó pedir 5 platos de brochetas, duplicados porque en cada uno de ellos vienen sólo dos brochetas, y 2 platos acompañantes para compartir.

Pedimos setas shitakes frescas, salsa de ajo cocido y virutas de bonito seco ahumado, brocheta de atún rojo y pack choy lacado sobre pan y salmorejo, brocheta de pato confitado y crujiente con espinacas y naranja, brocheta de pollo y papa canaria con mojo rojo, y brocheta de secreto de cerdo ibérico a la brasa con vinagreta de mostaza dulce.

Para compartir pedimos una ensalada césar con pollo a la brasa que estaba espectacular y era muy superior a cualquier ensalada césar que pides por ahí, y también un arroz especiado asado al carbón en hoja de banano, que tenía un sabor muy especial.

Pensaréis que con platos más o menos elaborados, sabrosísimos y en un restaurante de un chef tan conocido, la cuenta echaba humo… ¡Pues nada más lejos de la realidad! Pagamos 18 euros por persona ( y pedimos de postre también una cookie de dos chocolates y helado de vainilla) y estabámos llenos.

Repetiremos sin ninguna duda. Se agradece que la cocina de célebre autoría se acerque al gran público y establezca precios asequibles 😉

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