Hemos escuchado hablar de la famosa tarta Pavlova varias veces y tenemos que admitir que nunca habríamos pensado que procede de Oceanía. Estábamos convencidas de que era un postre ruso o ucraniano. ¿No os ha pasado a vosotros también?

Realmente su origen es incierto, ya que tanto Australia como Nueva Zelanda se disputan su creación. Aunque lo que sí que se ha comprobado es que la primera publicación que describe esta receta fue publicada en Nueva Zelanda.  Sea como fuere, se trata de un postre que se creó entre 1920 y 1930 en honor a la famosa bailarina rusa Anna Pavlova (de ahí que nos despiste el nombre).

En origen, la Pavlova es una tarta hecha con una base de merengue, cubierta por nata montada y coronada por frutos rojos. Nosotras hemos querido darle un toque y hemos preparado mini Pavlovas, un postre de un bocado. Es muy fácil de preparar y…¡qué bonito queda!

Ingredientes (para 30 mini Pavlovas, aprox):

  • 2 claras de huevo
  • El doble del peso de las claras en azucar glass
  • Una cucharadita de maizena
  • Una cucharadita de zumo de limón
  • Una cucharadita de vinagre de vino
  • 200 ml de nata (mínimo 35% de materia grasa)
  • Frutos rojos, en nuestro caso son frambuesas

Elaboración:

Antes de nada, precalentamos el horno a 100º. Ahora comenzamos pesando las claras y montándolas con unas barillas eléctricas (o manuales, si no tienes). Cuando empiecen a espumar, vamos añadiendo poco a poco el azucar glass, que como hemos indicado en los ingredientes, debemos añadir el doble del peso de las claras (o un pelín menos si no eres de mucho dulce). Cuando esté montado, añadiremos también el zumo de limón, el vinagre y la maizena. Metemos esta mezcla en una manga pastelera y, sobre la bandeja de horno cubierta con papel sulfurizado, vamos haciendo pequeños botones con ayuda de la manga. Una vez que tengamos la bandeja llena, la metemos al horno y dejamos que los pequeños botones de merengue se cocinen. Deberán estar entre 20 y 25 minutos en el horno. Antes de sacarlo, comprueba que están duros por fuera.

Mientras reposan las bases de merengue, prepararemos la nata montada. Para eso solamente tenemos que tenerla bien fría y utilizar de nuevo las barillas. No le añadiremos azucar porque la base que hemos preparado anteriormente es muy dulce. De manera opcional puedes añadir una pizca de esencia de vainilla a la nata para darle un toque más sabroso.

Ahora ya solo queda montarlo todo junto. Coloca una base de merengue y echa una pequeña capa de nata montada por encima (ayúdate de una manga pastelera, también en este caso). Para finalizar, coloca una frambuesa por encima y… ¡listo!

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